sábado, 13 de diciembre de 2014

Palacio del Marqués de Dos Aguas. Un tesoro barroco en el corazón de Valencia.







En uno de los barrios más acomodados de la capital del Turia, se encuentra un pequeño tesoro arquitectónico y actual sede del Museo Nacional de Cerámica y Artes Suntuarias “González Martí”. Se trata del palacio que mando construir la familia Rabassa de Perellós en Valencia, una saga de rancio abolengo que ostenta el señorío de Dos Aguas desde 1496, como residencia familiar en la ciudad. Conocido como el Palacio del Marqués de Dos Aguas, es la obra civil más emblemática del barroco valenciano y su fachada alberga una de las portadas más hermosas del mencionado período artístico.


La familia, cuyo linaje se remonta a época medieval, poco a poco fue ampliando su influencia y poder en las tierras valencianas, pasando de la baronía al marquesado en 1699. Del mismo modo, el edificio gótico que constaba de entresuelo, planta noble y desván con galería corrida, fue evolucionando para representar mejor el nuevo estatus del linaje familiar, dar cabida a la familia y a la no menos enorme ambición de los Dos Aguas. 

A nivel artístico, es especialmente reseñable la remodelación llevada a cabo, hacia 1740, por Giner Rabassa de Perellós, III Marqués de Dos Aguas. Encargó la obra al grabador y pintor Hipólito Rovira, dotando al conjunto de un derroche decorativo que contrasta con la construcción gótica precedente. Destaca sobremanera la fastuosa fachada que diseña, utilizando como material omnipresente el alabastro (llevada a cabo por Ignacio Vergara), que sin duda otorga un cierto aire mágico al conjunto y, por ende, al barrio en que se encuentra (quien haya visitado la obra al atardecer o por la noche,  sabe perfectamente a lo que me refiero).


La fachada es el gran foco del edificio, antesala del palacio, galería de cara a la ciudad del gran poder que alcanzaron en el siglo XVIII los marqueses. Su estilo, anclado en el Barroco, despliega una iconografía que hace referencia a la familia: dos gigantes, rodeados de símbolos, representan las alegorías de los ríos Turia y Júcar, alusivas al marquesado; la fachada culmina en  una hornacina con la Virgen del Rosario (igualmente obra de Vergara), flanqueada por dos mujeres que realizan ofrendas de frutas, flores y otros bienes. 


En el XIX Vicente Dasí Lluesma, heredero del marquesado de Dos Aguas emprende una reforma, como indica la propia web del Museo, de carácter ornamental, eclecticista, combinando rococó, neo-imperio y motivos chinescos. En el patio interior se sustituyeron las ventanas góticas por balcones con relieves de figuras alegóricas alusivas a las artes (arquitectura y escultura), a la agricultura y al comercio, base de la riqueza del marqués. 

En 1941 el Palacio se declara monumento histórico-artístico y en 1949 fue vendido y pasará a ser propiedad del Ministerio de Educación para albergar la donación de la colección de cerámica de D. Manuel González Martí y su esposa Doña Amelia Cuñat.

Tras multitud de remodelaciones, cierres y nuevas aperturas, el Museo Nacional de Cerámica ofrece un exquisito (y muy recomendable) recorrido por las salas de un palacio (de recargada decoración rococó) con una historia que se remonta más de 700 años en el pasado valenciano. Sin duda una visita imprescindible para cualquier amante del arte que se acerque a esta hermosa ciudad mediterránea. 

- Toda la información contenida en este post ha sido extraída de: 

la página web del Museo Nacional de Cerámica y Artes Suntuarias “González Martí”. Para más información, os dejo el enlace del museo:


TORREÑO CALATAYUD, Mariano. Arquitectura y urbanismo en Valencia. Carena editores, 2005, Valencia. pp. 52-53.

No hay comentarios:

Publicar un comentario