lunes, 1 de diciembre de 2014

Las poesías de Tiziano para Felipe II






Tiziano, Dánae, 1551-53. Oleo sobre lienzo, 192, 5 x 114, 6 cm, The Wellington Collection, Apsley House

La entrada de hoy se la dedico a uno de los pintores venecianos más influyentes de la historia: Tiziano Vecellio (Belluno, Véneto, hacia 1477/1490 - Venecia, 27 de agosto de 1576); admirado por El Greco, Velázquez o Rubens, en este caso la pequeña muestra  -pero tan trascendente que hará reescribir la biografía sobre el pintor veneciano- explora su fructífera relación con el gran príncipe del Renacimiento, el futuro Felipe II.

 


Tiziano, Dánae, 1565, hacia 1560-65. Óleo sobre lienzo, 129,8 x 181,2 cm. Madrid, Museo Nacional del Prado



La muestra se compone de tres obras: Dánae (1565), obra de la colección del Prado, al igual que Venus y Cupido (1554), y la Dánae (1553) de la colección del duque de Wellington, restaurada en los talleres del museo expresamente para esta exhibición. Únicamente tres lienzos, pero de una calidad extraordinaria a modo de exquisita invitación a la reflexión del visitante acerca de la sensualidad en el arte, la importancia de la pintura veneciana y la fascinación que siguen causando estas obras casi cinco siglos después.


Tiziano, Venus y Adonis, 1554. Oleo sobre lienzo, 186 x 207 cm. Madrid, Museo Nacional del Prado

Tal y como explica el interesante folleto explicativo con el que el Museo del Prado acompaña este estudio, Tiziano utiliza conscientemente la palabra “poesías” para referirse a obras destinadas al mero disfrute de los sentidos, para vincularse a los poetas (los inspirados por los dioses según la antigüedad clásica) e interpretar las fuentes mitológicas a su antojo.

La Dánae del Duque de Wellington era la que en un primer momento Tiziano pintó para Felipe II en 1553, que entregó junto a Venus y Cupido (1554), otra de las obras presentes. Tras la Guerra de la Independencia, la obra fue incautada entre las piezas que formaban parte del botín que José Bonaparte pretendía sacar del país. Como agradecimiento a su labor de defensa de España, Fernando VII se la regaló al duque de Wellington.

Nuevamente el Prado, como hiciera hace escasos años con su Gioconda, lanza una noticia sorprendente en el mundo artístico: su Dánae resulta ser posterior a la del Duque de Wellington. En concreto se fecha hacia 1565, año en el que hizo su tercera versión del asunto inspirado por las Metamorfosis de Ovidio, de una carga erótica más notable (Danae separa sensualmente sus piernas con la mano) que las anteriores, y adquirida por Velázquez en su primer viaje a Italia (1629-1631), pasando a engrosar las colecciones reales en 1634 por deseo expreso de Felipe IV (apasionado de la pintura veneciana). De nuevo, como cuando Manuela Mena cuestionó la autoría de El Coloso de Goya, al gabinete científico del Prado no le tiembla la mano al abordar las grandes obras maestras que atesora. Desde luego un ejemplo de rigor científico en el ámbito de la Historia del Arte digno de mención y alabanza.

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