sábado, 17 de mayo de 2014

La colección de estampas japonesas del Museo del Prado


Daifukucho [Los actores Ichikawa Danjûrô I como Fuwa Banzaemon, Yamanaka Heikuro I como Dazainojo y Sodeoka Masanosuke como Fujigae representando la obra Daifukucho Sankai Nagoya en el teatro Nakamura de Edo] Atribuido a Torii Kiyonobu. Grabado en madera a la fibra, sumizuri-e [un solo taco de madera estampado con tinta negra] 172 x 240 mm, 1697, Madrid, Museo Nacional del Prado

La colección de estampas japonesas del Prado cuenta con más de 50 obras, procedentes en su mayoría del Museo de Arte Moderno, que las adquirió en 1936. El director de la institución decidió comprar veinte estampas procedentes de una exposición itinerante organizada por la Union Centrale des Arts Décoratifs de París y la Asociación Japonesa de Grabadores y que pretende ser una representación de la estampa japonesa desde el siglo XVII hasta el XX. A su llegada a Madrid, tras pasar por Ginebra y París, el director del Museo de Arte Moderno se puso en contacto con el embajador de Japón para transmitirle su deseo de adquirir parte de las piezas.


Ueno Kiyomizu yori Shinobazu no chôbô [Panorama del lago Shinobazu desde el templo Kiyomizu, en Ueno] Toyohara Chikanobu (Yôshû Chikanobu). Grabado en madera a la fibra, nishiki-e, 350 x 235 mm (tríptico). 1894. Madrid, Museo Nacional del Prado.

En 1955 el Prado compró otra selección de piezas, esta vez procedentes de una exposición de la UNESCO y en el 2006 (colección Madrazo) y 2007 (donación de Antonio Correa), a través de donaciones, se amplió el conjunto de estampas. Es una colección de obras que llegaron a nuestro país fruto del auge del japonismo y la fascinación por una de las expresiones artísticas más sofisticadas del arte oriental. Obras de una cuidada policromía donde se pone el acento en el valor de lujo del colirido preciosista que tanto influyó a los artistas de finales del XIX y principios del XX.

La colección, hasta mediados del año 2000, se encontraba sin catalogar. Empezó a ser estudiada gracias a la labor de algunos investigadores, como un primer grupo de la Universidad Complutense de Madrid, o el catálogo razonado de Ricard Bru (doctor en Historia del Arte por la Universidad de Barcelona y experto en arte japonés), que estudió la procedencia de todas las obras (toda la catalogación puede consultarse en la web del Prado).


Asukayama hanami [Fiesta de contemplación de los cerezos en flor en Asukayama]. De la serie Kôto meisho [Vistas famosas de Edo. Utagawa Hiroshige (Hiroshige ga). Grabado en madera a la fibra, nishiki-e, 250 x 370 mm, c. 1830-1844. Madrid, Museo Nacional del Prado

Es una colección reducida pero de alto valor por la selección de piezas que contiene, especialmente las del XVII y XIX, obras en su mayoría infrecuentes en la colecciones españolas. Reseñables son las piezas de Torii Kiyonobu, fundador de la escuela Torii, algunas de segunda mitad del XVIII de artistas destacados como Kubo Shunman, Ishiwaka Toyonobu o Katsukawa Shunsho. del siglo XIX destacan las obras de Utamaro, de Hokusai y Hiroshige, la triada principal de artistas, sobretodo en occidente por el valor que alcanzaron entre lo coleccionistas de la época, y también notables ejemplos de la Escuela Utagawa de temas variados y estilos diferentes.


(Izq.) Chi: landas de Musashi [Pareja de enamorados ocultos]. De la serie Fûryû nishiki-e Ise monogatari [Bellas estampas a color de los Cuentos de Ise]. Katsukawa Shunshô (Shunshô ga). Grabado en madera a la fibra, nishiki-e [varios tacos de madera estampados cada uno con una tinta diferente], 220 x 155 mm.(Der.) Tsutsu-izutsu [Los niños de unos vendedores ambulantes]. De la serie Fûryû nishiki-e Ise monogatari [Bellas estampas a color de los Cuentos de Ise]. Katsukawa Shunshô (Shunshô ga). Grabado en madera a la fibra, nishiki-e, 290 x 135 mm, c. 1775 - 1785, Madrid, Museo Nacional del Prado

Esta colección, que pudo apreciarse en parte durante una exposición temporal celebrada en el museo en 2013, es un rara avis dentro del patrimonio de la institución, centrado en el arte europeo. El visitante del Prado, acostumbrado a las grandes pinturas y composiciones de la colección permanente que obligan a alejarse para poder obtener una visión completa de la obra, debía adoptar una postura distinta al enfrentarse a las estampas japonesas. Estas piezas tienen el encanto de incitar a la aproximación. El acercamiento es imprescindible, pues están pensadas para ser vistas en las manos e incluso para apreciar la calidad del papel mediante el tacto.




No hay comentarios:

Publicar un comentario